“Valer o no valer”. Poder y estatus en rituales de socialización en varones que se inyectan drogas en Hermosillo, Sonora

Angélica Ospina, Cátedra Conacyt del Programa de Política de Drogas del CIDE, escribió el capítulo del libro “Valer o no valer”. Poder y estatus en rituales de socialización en varones que se inyectan drogas en Hermosillo, Sonora, publicado en el libro: Las emociones en la vida social: miradas sociológicas.

 

Introducción

Durante el trabajo de campo desarrollado en el marco de mi tesis de doctorado,1 las emociones, que no eran objeto de mi estudio, emergieron de manera contundente tanto en los relatos biográficos construidos a partir de entrevistas en profundidad, como en mis interacciones con los participantes en el estudio. Por un lado, en los relatos biográficos, la frustración, el enojo, la euforia, la humillación y el orgullo, entre otras emociones, acompañaban de manera recurrente las historias de los participantes en diferentes momentos de sus biografías. Por otro lado, tristeza, culpa, frustración, enojo, empatía y alegría eran parte integral de mi experiencia etnográfica alrededor de los espacios de compra-venta-uso de drogas, en la medida en que compartía el día a día de la población de estudio y, con ello, sus dramas y victorias cotidianas. Sin embargo, aunque mis entrevistas y diarios de campo estaban plagados de emociones, carecía de herramientas técnicas y conceptuales que me permitieran convertirlas en dato útil para mi investigación, y no fueron incluidas dentro de la argumentación que construí para la disertación doctoral.

Fue gracias al Seminario Institucional de Sociología de las Emociones (SISE) que pude empezar a reflexionar conceptualmente sobre el lugar que ocupa la dimensión emocional en el campo de la investigación social sobre uso problemático de drogas,2 haciéndose evidente que la formación de trayectorias de uso de drogas está acompañada de un registro socio-emocional que, junto con las características biográficas, históricas, sociales, institucionales, políticas y económicas, contribuye a la construcción de sentido de esas trayectorias particulares que estudio y que constituyen parte importante de las motivaciones de los participantes para usar o no usar drogas, en qué contextos particulares, y los argumentos que construyen en torno a su uso/no-uso.

El análisis socio-relacional de las emociones permite comprender la relación micro-macro a través de la cual van sedimentándose los procesos de acumulación de ventajas y desventajas a lo largo del curso de vida, así como las estrategias de resistencia, búsqueda de placer y dignidad que emprenden los sujetos ubicados en contextos de desigualdad y marginalidad en la estructura social. Los aportes de la sociología de las emociones aplicados al campo del uso problemático de drogas permiten, además, pensar en opciones terapéuticas que promuevan nuevos lugares de construcción del sí mismo, donde los sujetos tengan la oportunidad de narrar los traumas que han afrontado y las emociones que han silenciado en su proceso, reivindicando sus propias estrategias de gestión del placer y la posibilidad de restitución de sus selves desde una narrativa distinta a la del del “adicto”, que profundiza en el estigma y la sensación de inadecuación del yo, con efectos fatales en el sujeto y sus vínculos.

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