Un abrazo

Por Patricia Guzmán

 

Un abrazo se define como rodear a alguien con los brazos como una muestra de afecto, para mí, después de esta pandemia, un abrazo es la celebración de una vida, una forma de paralizar el dolor aunque sea por algunos segundos, un te extraño, pero pronto te volveré a ver.

En esa foto amarillenta del Hospital Español, aparezco el día que nací, están mamá y papá abrazándome, enroscando sus brazos alrededor mío, como un escudo invencible. Mi última reunión de la secundaria se traduce en un enorme abrazo donde las personas más altas se hacían chiquitas y las más pequeñas se alargaban para formar parte de ese nudo grupal de cariño. Cada vez que alguien ha entrado a mi vida o la ha dejado, ahí ha estado un abrazo, como un acompañante silencioso e imperceptible. Durante 34 años, había dado por hecho los abrazos.

Este abril, mi abuelo cumplió noventa años, en cualquier otro mes, le hubiera dado un abrazo de oso-como él y mi papá le dicen- al tiempo que le cantaba las mañanitas y comíamos de ese pastel que se ve divino pero solo sabe a crema azucarada. No pude abrazarlo, tuve que mandar una nota y un globo, un globo lejano, etéreo, lleno de aire y que no se puede aplastar como mis brazos, como su espalda.

Este abril, murió la madre de mi pareja, a él lo abracé con todas mis fuerzas cuando recibió esa llamada en la madrugada, mis hombros se llenaron de sus lágrimas y, por un momento, sentí que tal vez podría atrapar en ese pequeño espacio, entre su cara y mi pecho, su dolor. Yo lo abracé, pero el velorio transcurrió sin más abrazos, los pocos familiares que estaban ahí, en un evento que se convirtió en un secreto dada la contingencia, cerraban los ojos y se saludaban de lejos, cerraban fuertemente los párpados y las pestañas, cruzaban los brazos sobre los propios hombros, daban un abrazo imaginario a un metro y medio de distancia.

Este abril, hubiera visitado a mi sobrino de dos años del otro lado del mar, lo hubiera tomado entre mis brazos y apachurrado, mientras probablemente él hubiera pensado “que molestas son las tías” y se hubiera zafado para ir a jugar.

Mil imágenes en las paredes y en las redes sociales me dicen que pronto nos volveremos a abrazar, este abril, pronto ha sabido a mil años.

Los hallazgos de investigación, las opiniones y los comentarios reunidos en este sitio son responsabilidad de las y los autores, y no representan una posición institucional del CIDE

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