Violencia política-criminal: la vulnerabilidad del Estado mexicano – PEV

Violencia política-criminal: la vulnerabilidad del Estado mexicano

Fotografía: SSPC de la Ciudad de México

Por Amalia Pulido, Profesora Investigadora, División de Estudios Políticos

Una de las características de todas las organizaciones criminales es el uso de la violencia como medio para alcanzar sus fines. Tradicionalmente, las organizaciones criminales intentaban alejarse de los reflectores (Gambetta 1993) y evitar a toda costa la atención mediática. Sin embargo, en los últimos años, en México, hemos presenciado una serie de ataques, asesinatos y masacres que cuestionan la idea de que las organizaciones criminales prefieren mantenerse con “bajo perfil.” En la última década han muerto cientos de autoridades y figuras políticas, siendo el nivel local el más afectado por la violencia política-criminal. Solamente en el proceso electoral de 2018, más de 150 políticos fueron asesinados, principalmente en el ámbito municipal.

El ataque del viernes 26 de junio en contra de Omar García Harfuch, titular de la Secretaría de Seguridad Pública de la Ciudad de México, pone en entredicho muchos de los supuestos prevalecientes acerca de estas organizaciones. Aunque el ataque no es un evento aislado, ya que en promedio se asesinan 1.47 policías al día, las condiciones en las que se perpetró este hecho son sumamente alarmantes y aterradoras. El atentado en contra del Secretario fue en una de las avenidas más transitadas e importantes de la Ciudad de México, el Paseo de la Reforma. Con un grupo de sicarios de alrededor de 28 personas—quienes fueron reclutadas específicamente para este ataque—y con un armamento descomunal, el crimen organizado intentó terminar con la vida del Secretario de Seguridad Pública, de la capital del país y de la fuerza policial civil más numerosa, y con ello vulnerar, intimidar y debilitar aún más al Estado mexicano.

Sabemos que este ataque fue planeado por al Cártel Jalisco Nueva Generación (CJNG).[1] También sabemos que el CJNG desde sus inicios se ha caracterizado por el uso indiscriminado de la violencia en contra de sus adversarios. Basta con recordar el atentado en contra de Alejandro Solorio Aréchiga, Comisionado de Seguridad Pública en Jalisco en marzo de 2015 o la emboscada de abril del mismo año en donde 15 agentes de la Policía Federal fueron asesinados por esta organización. Debido a la capacidad de fuego y de manejo de armas de los miembros del CJNG, esta organización ha incluso derribado helicópteros de la Fuerza Área. Sabemos también que en los últimos años el CJNG se ha consolidado como uno de los actores criminales más relevantes en el país y con presencia en casi todas las entidades federativas.

El atentado del viernes 26 de junio no es un acto improvisado, ni aleatorio. El CJNG sabía lo que hacía. Conocía el alcance y las implicaciones de este evento. Dos razones pueden explicar el atrevimiento del CJNG: esta organización se siente lo suficientemente empoderada para enfrentar al Estado mexicano, o sabe que se enfrenta a un Estado débil, con una estrategia frágil y con corporaciones debilitadas.

Aunque el carácter excéntrico de estas organizaciones nos hace pensar que la brutalidad empleada responde a lógicas irracionales y poco planeadas, paradójicamente, estas organizaciones son actores racionales que buscan maximizar sus ganancias, reducir incertidumbre e incrementar su poder. Sin embargo, el atentado del viernes 26 de junio supera en impacto e implicaciones a atentados previos por las señales que enviaron. El atentado fue a plena de luz del día, en una de las zonas más exclusivas de la CDMX y en contra del más alto mando de seguridad de esta ciudad.

¿Qué motivó al CJNG a perpetrar el atentado? ¿Por qué esta organización criminal atacó al jefe policial de una de las ciudades más grandes del mundo asumiendo el costo de la enorme atención mediática que esto generaría? Aunque no sabremos con precisión lo que motivó a la cúpula más alta del CJNG a planear este ataque, existen algunas hipótesis que nos pueden ayudar a entender este complejo evento. A continuación describo algunas de ellas.

Algunas Hipótesis

Las organizaciones criminales tienen dos grandes mecanismos para influir en el Estado. Uno es la búsqueda de esquemas de cooperación y el otro es la confrontación. En México ambas estrategias han sido empleadas por distintas organizaciones criminales, en diferentes momentos y por distintos motivos. Por una parte, los esquemas de captura de las agencias del Estado responden a la necesidad que tienen las organizaciones criminales para asegurar redes de protección y complicidad por parte de los agentes estatales, eliminar a sus rivales y consolidarse como actores criminales hegemónicos en regiones específicas. En términos de violencia, la captura es mucho menos costosa ya que, al establecer esquemas de complicidad, la violencia focalizada es utilizada como último recurso.

En cambio, la característica sine qua non de la confrontación es el uso de la violencia, ya sea indiscriminada o focalizada. Los ataques en contra de políticos y altos funcionarios son un ejemplo de la estrategia de confrontación. En la literatura académica, los ataques a políticos y agentes del Estado se explican desde diferentes perspectivas: 1) cuando las organizaciones criminales son el blanco de operativos de seguridad y los liderazgos criminales se ven amenazados o debilitados; 2) cuando necesitan amedrentar a políticos que protegen a sus rivales; y  3) cuando necesitan ganar control territorial, controlar recursos, extraer rentas y con ello empoderarse para enfrentar tanto a organizaciones rivales como a los agentes del Estado.

El atentado en contra de García Harfuch puede ser entendido con elementos de estas explicaciones teóricas. Sin embargo, la magnitud del atentado y la demostración de poder y violencia del CJNG son inusuales. El CJNG ha desafiado al Estado mexicano en las últimas semanas. El 16 de junio asesinó a Uriel Villegas Ortiz, Juez Federal en el estado de Colima y a su esposa. Con estos ataques, el CJNG mostró una vez más la vulnerabilidad y la escasa inteligencia que generan las agencias de seguridad.

Lo ocurrido en la CDMX es un recordatorio de que México vive una guerra criminal desde hace más de una década. Con este atentado, el crimen organizado mostró que tienen intereses políticos que cuidar y proteger. Aunque a diferencia de otros Actores Violentos No Estatales, las organizaciones criminales no intentan sustituir al Estado, si necesitan controlar ciertas esferas del poder político, ya sea bajo esquemas de intimidación y exterminio, o de captura y cooperación. Lo sucedido en la mañana del 26 de junio reveló que las organizaciones criminales están modificando sus estrategias tradicionales. Con la capacidad de fuego y logística que se requirieron para este atentado, el CJNG demostró que tienen los recursos no sólo para operar sino para controlar la ciudad más grande del país. Las organizaciones criminales saben que la impunidad que impera en el país les permitirá brindar protección a los sicarios que fueron aprehendidos. Saben que la estrategia de seguridad es una estrategia fallida, confusa y agotada. Saben que el matar en México, aún a funcionarios y políticos de alto nivel, es poco costoso.

En un contexto en donde nos encontramos a menos de un año de los comicios electorales más grandes de la historia de nuestro país, el CJNG demostró que no hay límites, códigos ni obstáculos para tratar de conseguir sus objetivos. Si el Secretario de Seguridad de la CDMX está vivo es debido a la camioneta blindada en la que viajaba, a la rápida respuesta de su equipo de seguridad que lo acompañaba y a errores en la planeación y ejecución del atentado. Desafortunadamente, estas no son las condiciones que tendrán miles de candidatos que competirán por un cargo a elección popular. El atentado en contra de García Harfuch debería prender todas las alertas del Estado mexicano sobre lo que, desafortunadamente, vivirán cientos de políticos que serán el blanco del crimen organizado en los próximos meses.

Bibliografía

Gambetta,D. 1993. The Sicilian Mafia. Cambridge, MA: Harvard University Press.

Kalyvas, S. 2015. “How civil wars help explain organized crime—and how they do not”. Journal of Conflict Resolution 59(8): 1517-1540.

Lessing, B. 2015. “Logics of violence in criminal war”. Journal of Conflict Resolution 59 (8), 1486–1516.

Philips, B. 2015. “How Does Leadership Decapitation Affect Violence? The Case of Drug Trafficking Organizations in Mexico”. Journal of Politics. 77 (2): 324-336.

Pulido, A. 2018“Candidatos y Violencia Criminal”. Nexos: Julio 2018.

Rios, V. 2013. “Why did Mexico become so violent? A self-reinforcing violent equilibrium caused by competition and enforcement”. Trends in Organized Crime. 16:138–155 .

Trejo, G y Ley, S. 2019. “High-Profile Criminal Violence: Why Drug Cartels Murder Government Officials and Party Candidates in Mexico” British Journal of Political Science.


[1] El CJNG surgió en 2010 tras la muerte de Ignacio Coronel y como respuesta a las divisiones al interior del Cártel del Milenio. Su principal líder es Nemesio Oseguera Ramos, alias “El Mencho”.