Entrando al túnel: ¿Qué esperar de las percepciones de inseguridad ante la pandemia? – PEV

Entrando al túnel: ¿Qué esperar de las percepciones de inseguridad ante la pandemia?

Por: Salvador Vázquez del Mercado, Profesor Investigador del Laboratorio Nacional de Políticas Públicas (LNPP)

Han pasado más tres meses de confinamiento, pero la sociedad mexicana aún no ha sentido con toda su fuerza los efectos de la pandemia. La inseguridad es una de las dimensiones para las que aún podemos esperar impactos importantes. En este texto me concentro en lo que podemos esperar sobre la percepción de inseguridad en las ciudades del país, dada la pandemia, y en las ramificaciones que estas tienen en la vida cotidiana de los mexicanos. Para ello hago uso de la Encuesta Nacional de Seguridad Urbana (ENSU), que recaba de forma trimestral las opiniones sobre la percepción de seguridad de los habitantes de las 69 ciudades más grandes del país (incluyendo las 16 alcaldías de la Ciudad de México).

Es importante señalar que la contingencia sanitaria ha afectado incluso esta medición. Dadas las restricciones para hacer encuestas cara a cara y las prioridades de trabajo del INEGI, es posible que no se realice el levantamiento del segundo trimestre del año. A reserva de proveer una muy necesaria actualización a este reporte en el momento en el que el INEGI publique una actualización a la ENSU, aquí presento un análisis basado en los resultados de la encuesta levantada la primera quincena de marzo, cuando la pandemia apenas hacía sentir sus efectos en el país. Los resultados son, por tanto, una fotografía del país justo al entrar al largo túnel de la pandemia, que indican algunos temas en los que es necesario que pongamos atención, así como los retos metodológicos que enfrenta su medición.

En este momento me concentraré en las percepciones de inseguridad de los ciudadanos y en una entrega futura exploraré los patrones de criminalidad que reportan en la encuesta. Estos resultados, por lo tanto, son un reflejo de lo que las opiniones de los ciudadanos y, solamente de manera indirecta, de los niveles de inseguridad y criminalidad en cada ciudad.

1. La percepción de inseguridad en la ciudad

Tres cuartas partes de los mexicanos dicen en sus ciudades es inseguro vivir (73.4%). Este indicador es muy estable. Se ha mantenido dentro de un rango entre 71 y 75% desde el septiembre de 2018, por lo que es poco esperable que cambie demasiado durante la pandemia, a menos de que se desate una crisis significativa de seguridad. Estas crisis posiblemente estén focalizadas en ciertas áreas urbanas, por lo que estos cambios podrán observarse solamente en ellas. Las áreas urbanas cuyos residentes califican como más inseguras (como Ecatepec, Uruapan y Coatzacoalcos) tienen percepciones tan negativas que éstas no podrán ser mucho más graves, pero no por ello su experiencia bajo la pandemia pueda ser aún menos tolerable.

Necesitamos mantener una perspectiva sobria respecta al efecto que puede tener una crisis en las opiniones de seguridad de los ciudadanos y sobre nuestra capacidad para observarlo. Valga un ejemplo ilustrativo: el efecto del llamado “Culiacanazo” en las opiniones de los ciudadanos de Culiacán tras el conato de captura de Ovidio Guzmán (el 17 de octubre de 2019). Recordemos que los miembros del Cártel de Sinaloa respondieron con el bloqueo de avenidas de la ciudad y con amenazas a militares y sus familias al intento de capturar a su líder. Fue un escándalo que le dio la vuelta al mundo, ¿cómo reaccionaron los culichis? A juzgar por los resultados de la ENSU levantada la primera quincena de diciembre, su apreciación de la situación de inseguridad de su ciudad (66.2%) no cambió casi nada respecto a la evaluación hecha en septiembre (66.6%). Esta estabilidad puede deberse a un efecto de normalización de la violencia, según el cual las personas que han vivido bajo la amenaza constante de la violencia dejan de reaccionar a las crisis y el “Culiacanazo” es un ejemplo más de las crisis que han vivido por generaciones.

En el Gráfico 1 podemos observar el porcentaje de ciudadanos que se ha dicho inseguro desde septiembre de 2018 hasta marzo de 2020. La línea negra indica el porcentaje agregado, usando los 25,500 casos levantados en todas las ciudades.[1] El “Culiacanazo” es marcado por la línea anaranjada. Sucedió casi dos meses antes del levantamiento de la primera quincena de diciembre, pero no dejó rastro alguno en la percepción de inseguridad de quienes viven en la ciudad. Es posible que el porcentaje subiera en los días que siguieron al evento, pero que este efecto decayera con el paso de los días a su porcentaje regular porque muchos de quienes pudieran cambiar de opinión tras el “Culiacanazo” volvieron a percibir un nivel de inseguridad similar al anterior al momento que la ENSU visitó Culiacán en diciembre.

Muchos escándalos políticos tienen efectos temporales en la aprobación de los gobernantes, pero desaparecen en unos días conforme los medios empiezan a hablar de otros temas y las preocupaciones de la vida cotidiana vuelven a dominar las opiniones de los ciudadanos. Este podría ser el caso en Culiacán, donde el conato de captura de Ovidio Guzmán probablemente escandalizó a la ciudad por unos días, pero no cambió demasiado su percepción general de la inseguridad. Esta es una advertencia importante para entender los efectos de la pandemia en las percepciones de seguridad de la ciudadanía: los efectos que puede tener serán muy variados y dependerán, entre otras cosas, de los niveles de habituación de los ciudadanos a la inseguridad y la violencia – y pueden ser poco durables.

Fuente: INEGI (2018-2020), Encuesta Nacional de Seguridad Urbana.

Otra limitante de la Encuesta es el número de ciudades que estudia. Por ejemplo, el efecto de los recientes enfrentamientos en Celaya, Gto., no pueden ser estudiados directamente porque la ciudad no está incluida en la muestra. Para proveer un punto de comparación, agregué los resultados de la ciudad de León al Gráfico 1, en la línea color azul. La percepción de inseguridad es mayor ahí que en Culiacán, sugiriendo que para los leoneses se trata de un fenómeno de cepa más novedosa. Si aún son sensibles a la inseguridad, es posible que los eventos recientes en Celaya agraven sus opiniones aún más.

2. La variabilidad de las percepciones

En el Gráfico 1 vemos entre diciembre de 2019 y marzo de 2020, sin embargo, un aumento en el porcentaje que dice sentirse inseguro en ambas ciudades. Los habitantes de Culiacán aumentaron su percepción de inseguridad en 11 puntos y los de León en casi 10. Ambas diferencias son de tamaño considerable y son, para usar el lenguaje técnico de estas cosas, estadísticamente significativas. Esto significa que, asumiendo que hubiéramos obtenido muchas muestras aleatorias del mismo tamaño en diciembre y marzo, la diferencia entre los porcentajes será mayor o menor (o sea, “diferente”) de cero 95% de las veces. En pocas palabras, en ambas ciudades los encuestados dijeron, en promedio, sentirse más inseguros en marzo que en diciembre y las diferencias son lo suficientemente grandes como para que sea muy poco probable que se deban solamente al hecho de que los encuestados fueron seleccionados aleatoriamente.

¿Estos cambios son comunes? No lo son. El Gráfico 2 muestra las diferencias en los porcentajes que se dijeron inseguros para las 85 ciudades de la ENSU. Entre ellas, solamente 8 registraron diferencias estadísticamente significativas. Esto puede observarse en el hecho de que sus intervalos de confianza dejan fuera al valor de cero (marcado con la línea punteada gris). Dado que las muestras por ciudad son pequeñas, incluso diferencias de 8 o 9 puntos no son estadísticamente significativas. Esto es importante para los tomadores de decisiones en los gobiernos locales: registrar cambios de esa magntiud en los levantamientos de la ENSU no significa necesariamente que las actitudes cambiaron, sino que pueden deberse a variaciones aleatorias.

El que podamos decir que cambios extremos como los de Culiacán (11.6 puntos) y León (9.5) son muy poco probables no significa, sin embargo, que podamos explicarlos. Dos ciudades registaron aumentos de mayor magnitud en el porcentaje que se considera inseguro: Tijuana (14.4) y en la alcaldía de Milpa Alta (11.7), en la Ciudad de México. Cuatro ciudades mejoraron su perspectiva sobre la inseguridad en este trimestre (reduciendo el porcentaje que dijo sentirse inseguro): la alcaldía de Cuauhtémoc (-12.2), Lázaro Cárdenas (-10.5) en Mich., Tlalnepantla (-8.8) en el Estado de México y Ciudad Juárez (-8.2). ¿Por qué estos cambios? ¿Qué sucederá con ellos durante la pandemia? Futuras iteraciones de la ENSU nos permitirán explorar la relación dinámica entre los efectos sociales y económicos de la pandemia con la trayectoria de la inseguridad en cada ciudad.

Fuente: INEGI (2020), Encuesta Nacional de Seguridad Urbana.

3. Brechas de género en las percepciones de inseguridad

Las expectativas sobre la delincuencia pueden también funcionar como un indicador de la gravedad de la situación de seguridad. La ENSU ha detectado una brecha de género significativa en estas expectativas. Estas expectativas son negativas por sí mismas: una tercera parte de los entrevistados espera que la situación de delincuencia siga igual de bien o mejore (32.1%), mientras que el resto opina que seguirá igual de mal o empeorará (66.5%) y es esperable que cambios en ellas estén focalizados en zonas urbanas específicas. Es notorio que las mujeres son más pesimistas que los hombres (como puede verse en el Gráfico 3): sólo 8.6% cree que la situación estará igual de bien en 12 meses (14.1% de los hombres lo piensa) y 35% opina que la situación empeorará (28.4% entre los hombres). El incremento de situaciones de violencia de género fuera del hogar (o incluso dentro de él) pueden verse reflejados en el agravamiento de estas diferencias.

Fuente: INEGI (2020), Encuesta Nacional de Seguridad Urbana.

La ENSU pregunta por la sensación de seguridad que tienen los entrevistados en su vida cotidiana, por ejemplo, en el transporte público (donde 73.5% se siente inseguro) o la calle (donde 65.3% se siente así). No es sorprendente que el lugar donde los mexicanos se sienten menos inseguros es su casa. Una cuarta parte de los entrevistados se sienten inseguros en ella (25.6%), aunque este número es mayor para las mujeres (28.8%) que para los hombres (21.8%). Esta diferencia, aunque aparentemente pequeña, puede agravarse significativamente como resultado del confinamiento requerido para mitigar los contagios. Los reportes de violencia de género han aumentado desde que empezaron las medidas de confinamiento y es esperable que la percepción de inseguridad en el hogar crezca en consecuencia, particularmente para las mujeres.

Resulta relevante, por lo tanto, identificar las ciudades en las que la ENSU detecta una brecha de inseguridad en el hogar más grande entre mujeres y hombres. En estas ciudades las probabilidades son altas de que el confinamiento agrave la situación de inseguridad que viven las mujeres en sus hogares. En la Gráfica 4 pueden observarse las 28 ciudades en las cuales la diferencia entre del porcentaje que se siente inseguro en su casa entre mujeres y hombres es estadísticamente superior a cero (curiosamente, en ninguna ciudad la diferencia fue estadísticamente inferior a cero, esto es, que los hombres se sientan más inseguros que las mujeres). Es importante notar que los intervalos de confianza de estas estimaciones son muy amplios, por lo que no tiene mucho sentido decir, por ejemplo, que las mujeres son más vulnerables en Colima que en Guadalajara. Pero en estas ciudades las mujeres se sienten más inseguras en su hogar que los hombres y, por ello, pueden ser focos potenciales de violencia familiar, que la pandemia no hará más que agravar.

Fuente: INEGI (2020), Encuesta Nacional de Seguridad Urbana.

Estos son los resultados de una exploración muy somera de la dinámica de las opiniones sobre inseguridad y el contexto económico y social, cuya evolución acelerará como efecto de la pandemia. Se trata de un fenómeno muy complejo cuya comprensión requerirá de los recursos necesarios para que el INEGI siga produciendo información oportuna y confiable. Esperemos que sea posible repetir operativos de campo cara a cara, o telefónicos si esto no es posible, para conocer los efectos de la pandemia en las percepciones de seguridad de los mexicanos—hacerlo resulta fundamental para desarrollar política de seguridad informada y más efectiva.


[1] El tamaño de esta muestra completa explica por qué los intervalos de confianza (la banda gris) son más estrechos que los de las estimaciones para Culiacán (la línea roja), que están basadas solamente en 300 casos. Estos intervalos nos dan una idea de la precisión de las estimaciones si pudiéramos obtener muchas muestras del mismo tamaño,[1] dándonos una idea de la probabilidad que obtengamos resultados más altos o bajos, y nos dice dónde caerían 95% de estos porcentajes. La precisión aumenta conforme la muestra es más grande, haciendo más estrecho el intervalo.