Crimen y Conflicto: Dónde Estamos y Hacia Dónde Vamos en Investigación – PEV

Crimen y Conflicto: Dónde Estamos y Hacia Dónde Vamos en Investigación

Lucía Tiscornia, Profesora Investigadora, División de Estudios Internacionales, CIDE
Chelsea Estancona, Profesora, Departamento de Ciencia Política, Universidad de Carolina del Sur

Text in English below

El pasado 12-14 de noviembre tuvo lugar, esta vez en línea, la reunión anual número 54 de la Peace Science Society International (PSSI). La PSSI reúne a académicos, sobre todo politólogos, enfocados en el estudio del conflicto en distintas variantes. La conferencia es reconocida por la calidad de las discusiones y, particularmente, de la retroalimentación que allí tiene lugar. Es una conferencia pequeña comparada con muchas otras en ciencia política, lo que permite mayor tiempo para la discusión en profundidad de los proyectos que se presentan. El formato combina paneles y talleres, este año hubo 10 talleres y 18 paneles y contó con más de 200 participantes.

Los temas cubiertos durante PSSI están usualmente conectados con la paz y el conflicto internacional y doméstico. Este año decidimos enviar una propuesta para un taller enfocado en comprender el rol clave que las organizaciones criminales tienen en materia de paz y conflicto.

Hasta hace relativamente poco, los politólogos no consideraban a los grupos criminales como actores políticos clave. Las explicaciones económicas y sociológicas existentes veían al estado y el crimen como dos esferas separadas. Para estas disciplinas, los problemas relacionados al crimen eran producto de la falta de capacidad para la aplicación de la ley por parte del estado, o de debilidades en el tejido social. Sin embargo, a través del mundo, existe una rica historia de la presencia de grupos criminales como actores que desempeñan diversas funciones políticas a través del uso, o la amenaza, de la violencia tanto en estados fuertes como débiles. Los grupos criminales son cada vez más asociados al conflicto armado: como sicarios contratados por el estado para erradicar enemigos, como actores clave en economías de guerra, o incluso como fuentes de financiamiento para grupos rebeldes.

Entender a los grupos criminales y su comportamiento es clave para comprender temas como la gobernanza, la paz y el conflicto. Explicaciones recientes sugieren que los estados y los grupos criminales pueden competir, cooperar o tolerarse, lo que puede producir variación en los niveles de violencia observados. En la medida que los grupos criminales desafían la autoridad del estado contribuyen a la inestabilidad, menoscabando el poder y legitimidad del estado. Asimismo, las respuestas violentas de parte del estado pueden aumentar la violencia de los grupos criminales. Cuando el estado y los grupos criminales cooperan se producen equilibrios frágiles, lo que también puede generar aumentos en los niveles de violencia que afecta a los ciudadanos.

La presencia del crimen organizado afecta a la sociedad civil de distintas formas: deprimiendo la participación política y el apoyo a la democracia, aumentando la protesta social y dando lugar a mecanismos alternativos de protección, como el surgimiento de grupos vigilantes.  

¿Hasta qué punto las organizaciones criminales buscan lograr objetivos políticos? ¿Cómo se conecta la investigación sobre carteles, mafias, o pandillas con la investigación en Ciencia de Paz sobre rebeldes o insurgentes que se involucran en economías criminales? ¿Cómo podemos evaluar de manera sistemática las interacciones entre organizaciones criminales, civiles, actores del estado, u otros tipos de grupos violentos? Una búsqueda de los términos “criminal” o “crimen” en los abstracts de trabajos académicos publicados en las revistas de la PSSI (Journal of Conflict Resolution y Conflict Management and Peace Science) produjo 17 artículos relevantes (excluyendo trabajos sobre crímenes de guerra y la Corte Internacional Criminal). De estos 17 artículos, 13 hacen uso de datos para un solo país—casi exclusivamente México o Colombia. Además, todos los artículos, con excepción de 3, fueron escritos después de 2015, lo que sugiere que la inclusión de temas sobre crimen en las revistas sobre conflicto refleja una nueva dirección para los académicos focalizados en Ciencia de Paz. Sin embargo, en la actualidad no existen datos sistemáticos sobre organizaciones criminales que varíen en el tiempo y el espacio lo que limita nuestra comprensión de patrones. Esta observación representa una oportunidad para la exploración sistemática de las características de las organizaciones criminales y su participación en la violencia política.

Nuestro taller buscó tomar ventaja de esta oportunidad. Con el objetivo de entender mejor el estado de la investigación en materia de crimen organizado, sus alcances y limitaciones, convocamos a diversos académicos que trabajan sobre organizaciones criminales y conflicto para una discusión sobre cómo podría estructurarse una agenda de investigación colectiva, abarcativa y empírica. Invitamos a un grupo de investigadores que trabaja sobre una gran variedad de preguntas relacionadas a las organizaciones criminales desde perspectivas cuantitativas y cualitativas (la lista completa de participantes puede consultarse aquí.

¿Qué aprendimos?

Durante las dos sesiones escuchamos breves presentaciones de Sandra Ley, Nicholas Barnes, Danielle Jung, Laura Blume y Abby Córdova sobre el estado de esta área de estudio incipiente, sobre conceptos y medición, ética en el trabajo de campo y acceso a datos y estimación, respectivamente. Nuestra discusión se centró en tres temas: 1) el estado del área de estudio, 2) la necesidad de mejores definiciones y operacionalización, y 3) las dificultades éticas de producir evidencia robusta.

En relación con el punto 1) nos enfocamos en qué sabemos y qué no sobre las organizaciones criminales y su comportamiento. Por ejemplo, la investigación en ciencia política ha avanzado en comprender las conexiones entre la política (elecciones, alternancia) y la violencia, el efecto de las estrategias violentas de los estados en el comportamiento de los grupos criminales, y el efecto de la violencia sobre las actitudes democráticas. Pero sabemos mucho menos sobre la diversificación criminal, tanto en los mercados como en las organizaciones, y la lógica del reclutamiento criminal, entre otros temas.

En relación con el punto 2) consideramos a diversos grupos de actores que están dentro de la esfera de grupos “políticos, extra-legales y violentos”. En particular, discutimos la posibilidad de la sobre-representación de algunos países y la ausencia de otros, y si estos sesgos afectan nuestra comprensión de las organizaciones criminales. Reflexionamos sobre si las clasificaciones de grupos deberían basarse en cómo estos grupos han sido históricamente nombrados (carteles, pandillas, mafias), o si más bien debiéramos enfocarnos en sus repertorios de acción.

En relación con el punto 3) nos enfocamos en preocupaciones relacionadas a la anonimidad de los sujetos, la seguridad al realizar trabajo de campo, las dificultades debido a la epidemia de COVID-19, y los desafíos únicos de estudiar actores criminales organizados cuando, evidentemente, los huecos de información que tenemos no son producto del azar. A raíz de la discusión emergió un consenso claro respecto a la necesidad de aprender de la riqueza del amplio trabajo cualitativo, y en particular etnográfico, al considerar la generación de encuestas o bases de datos.

¿Cuáles son nuestros planes a futuro?

Algunos planes incluyen la postulación a fuentes de financiamiento para crear un grupo de trabajo, un repositorio compartido de datos, preguntas de encuestas, definiciones, un volumen editado, y la creación de muchas otras oportunidades de intercambio informal, para construir una red de colegas. ¡Estén atentos!


Crime and Conflict: Where we are and Where we are Headed

Lucía Tiscornia, Assistant Professor, International Studies Division, CIDE
Chelsea Estancona, Assistant Professor in Political Science, University of South Carolina

Last November 12-14 the Peace Science Society International (PSSI) held its 54th North American Annual Meeting, this time online. The conference is highly regarded for the quality of the discussions and feedback, it is small compared to many others in political science, which allows for more time for discussion. The format combines panels and workshops, this year there were 10 workshops and 18 panels with more than 200 participants.

The topics covered in PSSI are typically connected to international peace and conflict. This year, we decided to submit a proposal for a workshop focusing on understanding the key role that criminal organizations play on issues of peace and conflict.

Until recently, political scientists did not consider criminal groups to be key political actors. Long standing economic and sociological explanations saw the state and crime as two separate spheres. To these disciplines problems related to crime were the result of lack of state capacity for enforcement, or of weaknesses in the social tissue. Yet, throughout the world, there is a rich history of the presence of criminal groups as actors who fulfill political functions through the use, or threat, of violence in weak and strong states. Criminal groups have also increasingly been linked to armed conflict: as hitmen hired by the state to eliminate enemies, as key actors in war economies, or even as funding sources for rebel groups.

Understanding criminal groups and their behavior is key to issues of governance, peace and conflict. Recent explanations suggest that states and criminal groups can compete, cooperate or tolerate each other, which can lead to varying degrees of violence. To the extent that they challenge state authority, criminal groups contribute to instability by undermining state power and legitimacy. Alternatively, violent responses by the state may increase violence by criminal groups. When states and criminal groups cooperate, these equilibria are fragile, which can also lead to increased levels of violence that affect citizens. The presence of organized crime affects civil society, depresses political participation and support for democracy, increase social protest and gives rise to alternative mechanisms for protection, such as vigilantism.

To what extent do violent criminal organizations pursue political goals? How does research about criminal groups such as cartels, gangs, or mafias intersect with Peace Science scholars work about rebels or insurgents engaging in criminal economic activity? How can we systematically assess criminal organizations interactions with civilians, state actors, or other types of violent groups? A search for the terms `criminal’ or `crime’ in the abstracts of work published in the Society’s journals (JCR and CMPS) yields 17 relevant articles (excluding research about war crimes tribunals and the ICC). Of these articles, 13 make use of data from a single country – nearly all in Colombia or Mexico. Further, all but 3 were written after 2015, indicating that the inclusion of organized political criminality in conflict journals reflects a new direction for Peace Science scholars. However, there are currently no systematic cross-national or cross-temporal data on features of criminal organizations, which limits our understanding of patterns across time and space. These observations suggest a salient opportunity for systematic exploration of criminal organizations characteristics and participation in political violence.

Our workshop sought to seize this opportunity. To this aim, we brought together scholars working on criminal organizations and conflict for a discussion about structuring a collective, comprehensive, and empirically driven research agenda. We invited a group of scholars asking diverse questions about criminal organizations from quantitative, qualitative, and ethnographic perspectives (for a full list of participants see here).

What did we learn?

We heard mini-presentations from Sandra Ley, Nicholas Barnes, Danielle Jung, Laura Blume and Abby Córdova on the current state of this nascent field, conceptualization, measurement, ethics of fieldwork, and data access and estimation, respectively. Our discussions centered around three themes: 1) the state of the field, 2) the need for better definitions and operationalization, and 3) the difficulties in ethically gathering robust evidence.

For 1) we focused on what we know and still don’t know about criminal organizations and their behavior. For example, political science research has made important advances on understanding the links between politics (elections, alternation) and violence, the effects of state violent strategies on criminal groups’ behavior, and the effect of violence on democratic attitudes. But we know comparatively less about criminal diversification into new markets, the growth of criminal organizations, and the logic of criminal recruitment. 

For 2) we considered the sets of actors that fall in the ‘political, extra-legal and violent’ sphere. In particular, we discussed the possibility of overrepresentation of few countries and the absence of others, and whether those biases affect our understanding of criminal organizations. We reflected on whether classifications should be based on what groups are called, or whether we should focus on what repertoires of actions are commonly employed.

For 3) we discussed concerns about subject anonymity, safety in the field, difficulties of fieldwork under COVID, and the unique missing-not-at-random challenges of studying organized criminal actors. A clear consensus emerged around the necessity of learning from rich qualitative and ethnographic work when considering the development of surveys or datasets.

What are our future plans?

Plans in the works include grant applications for an ongoing working group, a shared repository of data/survey questions/helpful definitions, a special issue or two, and lots of more informal opportunities for networking with this helpful and motivated group. Stay tuned!