Violencia de Género Contra Mujeres en la Política ¿Qué se puede esperar en el Proceso Electoral 2020-2021? – PEV

Violencia de Género Contra Mujeres en la Política ¿Qué se puede esperar en el Proceso Electoral 2020-2021?

Fotografía: ProtoplasmaKid

Hilda Melgoza, Coordinadora del Posgrado en Ciencia Política
Céline González, Coordinadora de Evaluación Académica

Las elecciones de este año serán las más grandes que haya tenido México. Durante el Proceso Electoral 2020 – 2021, se renovarán 21,868 puestos de elección popular a nivel federal y local. Con base en la reforma del 2014 y 2019 en materia de paridad de género y el nuevo engrose a la sentencia de paridad de género en gubernaturas de la Sala Superior del TEPJF, los partidos políticos deberán postular candidatas mujeres en la mitad de estos puestos. Estos cambios electorales han resultado en que México sea uno de los países con mayor número de mujeres ocupando puestos de elección popular a nivel mundial.

Sin embargo, la paridad de género no ha tenido los mismos efectos en el ámbito legislativo que en el ámbito ejecutivo. Por ejemplo, en el ámbito municipal, las mujeres están lejos de alcanzar la paridad; sólo el 29% de las presidencias municipales están a cargo de una mujer[1]. Uno de los factores que se ha señalado como obstáculo a la participación política de las mujeres es lo que se ha nombrado como la Violencia de Género contra las Mujeres en la Política o Violencia Política Contra Mujeres en Razón de Género[2]. En este contexto, ¿cómo lograr que las candidatas no enfrenten violencia de género y que las candidatas electas puedan contender y ejercer el cargo en igualdad de condiciones que sus compañeros hombres?

Contar con información para entender las situaciones y los problemas a los que hacen frente las mujeres es fundamental para encontrarles soluciones y así lograr una democracia paritaria de facto. Desde las elecciones de 2018, ONU Mujeres se ha preocupado por entender mejor la participación política de las mujeres a nivel municipal, ya que esta es la primera plataforma política de muchas mujeres y los retos que se presentan son diferentes a los del ámbito legislativo y al nivel estatal o local.

En este contexto—junto con Javier Aparicio, Carmen Castañeda, Georgina Flores Ivich y Panambí Garcés—colaboramos con ONU Mujeres en una serie de análisis sobre los principales obstáculos que enfrentan las mujeres en política a nivel municipal, específicamente aquellas que contienden a las presidencias municipales.

El primer estudio, Participación política de las mujeres a nivel municipal: proceso electoral 2017-2018, se enfocó en entender cuáles son las principales barreras que deben superar las precandidatas y candidatas –ganadoras y perdedoras– a presidencias municipales. Particularmente, este estudio analiza los principales factores que influyen en la probabilidad de que una candidata sea electa presidenta municipal, reflexiona sobre las barreras que enfrentan las mujeres para conseguir la candidatura, y muestra la violencia que viven las mujeres para conseguir las candidaturas y durante las campañas políticas.

Este estudio concluye que es durante el periodo de precampaña cuando las mujeres experimentan mayor violencia de género y enfrentan más barreras para conseguir la candidatura. La principal fuente de violencia de género proviene de sus propios partidos políticos: les condicionan las candidaturas a cambio de intercambios sexuales, se les acusa de no poder conseguir candidaturas por méritos propios, las cúpulas partidistas, integradas mayoritariamente por hombres, promueven precandidaturas de hombres cercanos a su círculo y apoyan precandidaturas de mujeres que puedan manipular fácilmente. Posteriormente, durante el periodo de campaña, los ataques provienen principalmente de contrincantes políticos y, a diferencia de los candidatos hombres, ellas reciben ataques sexistas que fomentan la discriminación en contra de las mujeres: se negocian políticas fuera del horario laboral y en espacios no institucionales como bares o burdeles. Algunas de ellas tuvieron que negociar su planilla antes de registrarla y perciben que las negociaciones con ellas son más severas y demandantes. Por último, muchas mujeres no denuncian la violencia sexual que sufren dentro de sus partidos políticos porque temor a que haya repercusiones negativas para su carrera política; asumen que es el precio para participar en la política. 

En el segundo estudio, Consolidar la paridad y transformar las democracias, se buscó comprender los retos y obstáculos que enfrentan las mujeres para desempeñar cargos de elección popular a nivel municipal, así como conocer y analizar las experiencias de las presidentas municipales en México, considerando la heterogeneidad misma de los propios municipios, los diversos perfiles y experiencia previa de las presidentas. Este estudio destacó el impacto diferenciado de las barreras que enfrentan las mujeres en comparación con hombres en el ejercicio del cargo a nivel municipal, así como actos de discriminación y violencia de género contra las mujeres que son manifestación de desigualdades estructurales.

A continuación, se mencionan algunos de los principales hallazgos. En relación con el tamaño del municipio, el 70% de las presidentas gobiernan en municipios pequeños y sienten que se les relega a la periferia. La mayoría de ellas mencionaron sentirse doblemente discriminadas, al ser mujeres y por presidir un municipio percibido como poco significativo. Respecto a la experiencia política, generalmente, las presidentas con mayor experiencia perciben más violencia de género. Existe un sentimiento generalizado de que ellas son evaluadas y juzgadas con estándares más exigentes que los hombres, y esto conlleva a que se autoexigen más; se suele asumir que los hombres son capaces de ocupar cargos políticos, mientras que las mujeres deben demostrar constantemente su capacidad para gobernar.

No obstante, es importante mencionar que ejercer un cargo electoral a nivel municipal empodera; por lo que el éxito político en algunas ocasiones conlleva la invisibilización de la violencia; algunas presidentas municipales atribuyen el triunfo político a sus características personales y mencionan que son gajes del oficio. Nuevamente, mencionan que otra barrera importante es que las negociaciones suelen ser con otros hombres y se llevan a cabo en espacios y horarios no institucionales, lo cual las pone en una situación de desventaja frente a sus compañeros políticos. Finalmente, algunas de ellas adoptan estrategias para que respeten su autoridad, evitar hostigamiento sexual y aumentar su poder de negociación. Por ejemplo, algunas de las estrategias que mencionaron es que en ocasiones adoptan apariencia y conductas masculinas o envían a sus asesores hombres a negociar programas o políticas.

El estudio Consolidar la paridad y transformar las democracias concluye que, a pesar de que han habido grandes avances en la representación política de las mujeres a nivel municipal, todavía persisten actos de discriminación y violencia contra las mujeres. Si bien no todas las barreras que enfrentan las presidentas municipales se atribuyen exclusivamente a discriminación y violencia de género contra las mujeres, sí suelen tener un impacto diferenciado entre mujeres y hombres. El efecto diferenciado se relaciona con las desigualdades estructurales que han existido históricamente en la competencia político-electoral a nivel municipal. Por lo tanto, para garantizar los derechos político-electorales de las mujeres es necesario combatir estas desigualdades al visibilizar, prevenir, sancionar y reparar actos de violencia o discriminación.

Durante el Proceso Electoral 2020-2021 serán las primeras contiendas electorales en las que se aplicarán las reformas que se publicaron en el Diario Oficial de la Federación en abril de 2020 al marco normativo en materia electoral. Estas reformas por primera vez definen y regulan la violencia de género contra las mujeres en el ámbito político, ya que se establecieron cuáles son las competencias de diferentes autoridades en los distintos niveles de gobierno. Además, se impusieron disposiciones para prevenir, atender, sancionar y reparar este tipo de violencia. Estas reformas buscan garantizar la participación política de las mujeres en igualdad de circunstancias que sus compañeros y libre de violencia de género contra ellas. Ser las primeras contiendas electorales en las que se aplicará este nuevo marco normativo representa un enorme desafío, no sólo por ser la primera ocasión en la que se pone en práctica, sino también por el número de cargos a elegir.

A pesar de los retos y obstáculos, la participación política de las mujeres a nivel municipal continuará avanzando. Este es un resultado de un camino largo y difícil que han recorrido las mujeres en México: senadoras, diputadas, gobernadoras, presidentas municipales, magistradas, consejeras electorales, académicas, y activistas, porque ellas saben que la política en nuestro país será paritaria y libre de violencia o no será.


[1] Otro de los factores que afecta estos porcentajes es la manera en la que se implementa la paridad de género en la integración de las planillas de mayoría relativa. En este sentido, la fórmula presentada por los partidos políticos debe proponer candidaturas de mujeres y hombres de manera alternada. Es decir, si se presenta una candidatura de hombre para la presidencia municipal, la candidatura para la sindicatura debe ser asignada a una mujer. Por ello, si bien se observa un bajo número de presidentas municipales, se observa también un aumento drástico de mujeres electas en sindicaturas y primeras regidurías.

[2] En las últimas dos décadas, se ha generado un intercambio de argumentos en la academia sobre si debería utilizarse el término de Violencia de Género contra Mujeres en la Política o utilizarse el término de Violencia Política en Razón de Género para nombrar este “nuevo” fenómeno. Si bien la discusión teórica es muy interesante, por cuestiones de espacio no se ahondará en dicho en este post.