Aliados del Odio: Retórica y violencia étnica en contextos de creciente polarización – PEV

Aliados del Odio: Retórica y violencia étnica en contextos de creciente polarización

Ataques contra afroamericanos e hispanos en los Estados Unidos, 2008-2020.

Héctor E. Herrera Capetillo, Doctorando en Ciencia Política, División de Estudios Políticos

Si bien la Ley de los Derechos Civiles (1968) se convirtió en la primera legislación federal sobre delitos de odio en los Estados Unidos, fue hasta la aprobación de la Ley de Estadística de Delitos de Odio (1990) que el Departamento de Justicia tuvo la obligación de recopilar y reportar información sobre ataques que “…manifiestan evidencia de prejuicios por motivos de raza, género, identidad de género, religión, discapacidad, orientación sexual u origen étnico.” Basado en esta información, este texto es una breve reflexión sobre el panorama de la violencia étnica en los Estados Unidos durante el periodo de 2008-2020, así como un adelanto de la presentación que se realizará en el marco del Seminario de Estudios de Posgrado sobre Violencia organizado por el CIDE.

En los últimos años, la violencia contra las minorías étnicas se ha incrementado en los Estados Unidos. Tan sólo entre 2014 y 2019, el número de ataques contra afroamericanos realizado por perpetradores blancos y desconocidos en aquel país aumentó en 25%, mientras que las agresiones contra hispanos lo hicieron en más de 81% durante el mismo periodo, revirtiendo además la tendencia a la baja que se observaba en estos ataques desde 2008, como se ilustra en el Gráfico 1.1.


Gráfico 1.1. Número de ataques cometidos por perpetradores blancos y desconocidos contra afroamericanos e hispanos en los Estados Unidos, 2008-2019. Elaboración propia con datos del FBI, 2008-2019.

Además de su frecuencia, existe preocupación entre las agencias de seguridad por el incremento en la brutalidad de estos delitos. De acuerdo con el Departamento de Seguridad Nacional de los Estados Unidos y la Oficina Federal de Investigaciones (FBI), entre los grupos extremistas nacionales, aquellos motivados por cuestiones raciales o étnicas, aparecen como la amenaza más grave y persistente al país, pues desde 2018, han realizado más ataques letales que cualquier otro grupo violento. En 2020, según datos del Centro para Estudios Estratégicos e Internacionales (CSIS), los supremacistas blancos y otros grupos extremistas afines realizaron 67% de los ataques y conspiraciones terroristas en los Estados Unidos.

Si bien el terrorismo forma el rostro más mediático de los delitos de odio, este tipo de agresiones también incluyen ataques verbales, intimidaciones, daños a propiedad, así como homicidios cometidos incluso por las mismas fuerzas de seguridad, como pone en evidencia el asesinato de George Floyd a manos del policía de Minneapolis, Derek Chauvin, que provocó una ola de protestas antirracistas en diversas ciudades de los Estados Unidos durante el año pasado.  

¿Por qué ocurren agresiones contra integrantes de comunidades étnicas minoritarias? Entre las explicaciones ofrecidas por la literatura sobre los factores que incentivan a los individuos o grupos a cometer actos de violencia contra las minorías étnicas sobresalen cuatro. Hay un primer grupo de explicaciones que enfatizan aspectos psicológicos como la teoría de la personalidad autoridad o el síndrome de la enemistad centrada en el grupo que ubican a los prejuicios de los perpetradores como los principales detonantes de la violencia. Un segundo grupo de estudios se centra en aspectos económicos como la teoría de la privación relativa o del agravio económico, según la cual, las agresiones suceden como reacción de individuos pertenecientes al grupo dominante que tienen la impresión de que las minorías étnicas están acaparando algunos beneficios económicos como los empleos. El tercer grupo de teorías refiere a la competencia étnica o del conflicto intergrupal y se enfoca en las amenazas percibidas por los grupos mayoritarios hacia sus valores e identidad cultural. Y finalmente, desde el terreno de los factores políticos, está la teoría de las oportunidades políticas que argumenta que la violencia es consecuencia de las oportunidades ofrecidas por el contexto político para alcanzar ciertas metas. La movilización de los recursos, por lo tanto, está vinculada a elementos del ambiente político como la cohesión de las élites, los alineamientos electorales, la disponibilidad de aliados y las estrategias predominantes para la resolución de los conflictos.

Vinculado a la teoría de las oportunidades políticas, e intentando corregir la debilidad que ésta tiene para explicar la forma en que los potenciales perpetradores perciben una estructura favorable a su causa y reconocen a sus aliados dentro de la esfera política, propongo un argumento diferente según el cual, la actitud de los políticos hacia la violencia étnica puede tener efectos positivos en la realización de los delitos de odio. Los mensajes que apoyan la violencia contra las minorías, o, por el contrario, que condenan enérgicamente estas agresiones, funcionan como un sistema de señalización que permite a los potenciales perpetradores reconocer la estructura de oportunidades políticas en la que operan. Cuando presidentes, legisladores federales y gobernadores sostienen una actitud favorable hacia la violencia contra estos grupos minoritarios, no sólo validan desde el poder estas conductas, sino que también dejan en claro que existen menores probabilidades de represión contra los actos violentos. El “patrocinio” de los políticos, por lo tanto, moviliza recursos a favor de los extremistas y disminuye el costo de la acción violenta individual o colectiva que incrementa, consecuentemente, los ataques.

Además de las similitudes que el manifiesto subido a redes sociales minutos antes del tiroteo contra mexicanos en El Paso guarda con el lenguaje utilizado por el presidente Trump contra los inmigrantes latinos, ABC News ha documentado al menos 54 casos en los que el nombre de Donald Trump fue invocado en relación directa con actos violentos, amenazas o acusaciones de agresión. En consonancia con lo anterior, un estudio de Feinberg, Branton y Martínez-Ebers encontró que los condados que hospedaron un rally de Trump tuvieron un incremento de 226% en incidentes motivados por odio.

En 2014—el año con el número de delitos de odio más bajo desde que se tienen registros—, ante la ola de protestas que azotaron la ciudad de Ferguson, Misuri, como consecuencia del asesinato de Michael Brown a manos del oficial de policía, Darren Wilson, el presidente Obama no sólo condenó los hechos y abrió una investigación, sino que también aseguró el derecho de los protestantes a manifestarse pacíficamente. En contraste, ante un escenario similar en las calles de Minneapolis tras el asesinato de George Floyd, si bien el presidente Trump se lamentó por los hechos, llamó a los manifestantes “matones”, y desplegó la Guardia Nacional para reprimirlos, señalando que “cuando comienza el saqueo, comienza el tiroteo”.  El llamado a restablecer el orden, y los adjetivos de “anarquistas” y “agitadores” para referirse a los protestantes, fueron estrategias recurrentes utilizadas por Trump en sus redes sociales con respecto a otras manifestaciones.

Más que enfocarse en las motivaciones psicológicas o económicas de los perpetradores a los que apunta gran parte de la literatura sobre el tema, el esquema propuesto busca comprender los factores de la estructura política que pueden incentivar o inhibir los actos de violencia contra las minorías. La actitud diferenciada de los políticos hacia estos ataques permite a los agresores ubicar a sus aliados en el poder, las posibilidades de recibir un castigo y, por lo tanto, los costos de sus acciones. En un contexto de creciente polarización, el papel de los políticos en estos conflictos puede tener consecuencias importantes en la promoción o contención de la violencia contra los grupos más vulnerables.

Les esperamos el próximo 21 de mayo para platicar de esta y otras manifestaciones de la violencia en el Seminario de Estudios de Posgrado. El registro está disponible aquí.