La madre como sujeto político: una revisión histórica de las posturas feministas en torno a la maternidad – PEV

La madre como sujeto político: una revisión histórica de las posturas feministas en torno a la maternidad

Irékani Alarcón Acosta, Estudiante de la Licenciatura en Ciencia Política y Relaciones Internacionales, 2017-2021

Introducción

Dentro del feminismo la maternidad es un concepto en disputa. Distintas corrientes teóricas han descrito su relación con el patriarcado en dos sentidos: como la base de la opresión de las mujeres o como una alternativa para su emancipación. Dado que el feminismo, más que una estructura teórica, es un posicionamiento político, toda conceptualización de la maternidad implica un cambio en la definición de las madres como sujetos políticos indicados para la liberación de la dominación masculina. En este sentido, es necesario preguntar ¿De qué manera interactúan el concepto de maternidad con las concepciones del sujeto político feminista? Este texto plantea, con base en la periodización del tema realizada por Ann Snitow (1996), que la enunciación de la maternidad, por parte de las posturas que la “demonizan” y las que la reivindican, es usada como un instrumento para definir el sujeto político feminista. Sin embargo, este uso del concepto ha sido interrumpido por la aparición de los feminismos negros que se han dado a la tarea de romper el mito basado en una experiencia maternal.

Los textos demonizados

Snitow ha establecido el comienzo de la discusión feminista en torno a las condiciones históricas de la maternidad a partir de lo que ella denomina “los textos demonizados” (Snitow, 1996). De esta primera etapa, son representativas las obras La mística de la feminidad (Friedan, 1963), y La dialéctica del sexo (Firestone, 1970), que comparten la característica de ser “extrañamente ciegos” a la cuestión de la maternidad dentro del debate feminista.

Firestone coloca la maternidad dentro del debate en relación con los límites que la familia biológica patriarcal impone a las mujeres. Al ser ejercido como un destino autocumplido, la única forma en la cual las mujeres pueden eliminar las condiciones de su opresión es por medio de una emancipación respecto del factor que la origina: su capacidad reproductiva (Firestone, 1970) Esta concepción puede ser rastreada incluso en la obra de una de las principales precursoras de Firestone: Simone de Beauvoir. Para esta autora, el rol de la maternidad condena a las mujeres a la inmanencia y a la alteridad, porque “engendrar, amamantar, no constituyen actividades, son funciones naturales; ningún proyecto les afecta; por eso, la mujer no encuentra en ello el motivo de una altiva afirmación de su existencia; sufre pasivamente su destino biológico” (de Beauvoir, 1989). Este profundo cuestionamiento a la maternidad como institución fue vinculado con una supuesta tendencia de antimaternalismo dentro y fuera del movimiento feminista (Snitow, 1996). A estas críticas les siguieron ensayos voluminosos, en los cuales se ponía en duda la existencia de razones positivas para ser madre.

A pesar de que estas posturas constituían una crítica a la institución de la maternidad y no a quienes la ejercían, su planteamiento implicó que cualquier examen crítico sobre el papel de la maternidad en la vida de las mujeres fuera leído como un ataque hacia las madres (Hallstein, 2010, 4). Sin embargo, es importante mencionar que si bien la crítica a la maternidad no conlleva directamente una crítica a las madres, estas concepciones establecen límites a su inclusión en la definición de sujeto político feminista. Dado que la maternidad es planteada como una experiencia de sujeción a una dominación absoluta –ya sea en términos de inmanencia o de medios de reproducción–, ninguna acción emancipatoria puede ser formulada desde esa condición. Esto implica que no pueda surgir desde las madres una política emancipatoria frente a la estructura de poder patriarcal. Como ha sido mencionado en la discusión sobre la “matrofobia” (Rich, 1978), descartar la relación entre madre e hija como una alternativa de relación interpersonal dentro de las dinámicas patriarcales despoja a la maternidad de cualquier potencial emancipatorio dentro del movimiento feminista.

Los textos reivindicativos

El segundo periodo de la discusión relativa a la maternidad está marcado por el rompimiento de lo que Snitow denomina “el primer tabú sobre la maternidad”.  Un tabú que producía reticencia para hablar de la experiencia de las madres, tanto en un sentido positivo como negativo. Esta ruptura permitió analizar las implicaciones de la maternidad en la configuración de la identidad, la psicología y la subjetividad (Neyer y Bernardi, 2011) Algunos textos sobresalientes que definen esta etapa son Nacemos de mujer: La maternidad como experiencia e institución (Rich, 1976), La reproducción de la maternidad (Chodorow, 1978) y Pensamiento maternal (Ruddick, 1980).

La reivindicación que se da en estos textos tiene que ver con la reapropiación de la feminidad como cualidad emancipatoria de las mujeres. Las defensoras de esta postura plantean que el hombre, en tanto cuerpo sin capacidad de fecundidad, crea una relación de dependencia con las mujeres, en tanto cuerpos gestantes. Así, surge un deseo en el primero por “dominar y controlar aquello tan vitalmente necesario para ellos: la energía vital de las mujeres” (Alcoff, 1988). El hecho biológico de que las mujeres tengan capacidad de gestación, no sólo las hace víctimas de la dominación masculina, sino que les dota de ciertos atributos éticos y sociales que los hombres no poseen en esencia. En este sentido, esta corriente de pensadoras considera que “El pensamiento patriarcal ha limitado la biología femenina a sus más estrictas especificaciones. La visión feminista se ha apartado con disgusto de la biología femenina por esta razón; volverá (…) a considerar nuestro físico como un recurso, más que un destino” (Rich, 1986).

Por tanto, el foco emancipatorio de estos textos radica en la reapropiación de la esencia de las mujeres.  La cual es diferente por razones biológicas, psíquicas y morales. Chodorow, en su replanteamiento de la configuración psíquica de las mujeres, que cuestiona la visión masculina de Freud, señala que la relación entre un hijo y su madre pronto se concentra en la competitividad y en la posesión (Chodorow, 1978). Lo anterior deviene en el complejo de Edipo que a la postre deriva en el estado de neurosis humana. De acuerdo con esta visión, el desarrollo psíquico de las mujeres es fundamentalmente distinto y las dota de atributos de la maternidad propios de “la ética del cuidado” (Gilligan, 2013), que comprende la responsabilidad por los demás, el altruismo y la sensibilidad.

Como se puede apreciar, estas posturas establecen en la maternidad un punto crucial para la construcción y puesta en marcha de un actuar emancipatorio con respecto de la estructura de dominación patriarcal. En otras palabras, el concepto es liberado del contenido que refiere a una dominación absoluta. Sin embargo, lo anterior no implica que la potencia emancipatoria reivindicada en la maternidad se traduzca en una potencia similar para las madres en tanto madres. Es la universalidad del ser hija lo que dota al concepto de dichas cualidades. Como menciona Mary Daly, “La palabra hija es menos sugestiva de un rol que de una realidad dada (…) Cuando una mujer llega a reconocer a la hija en ella misma, en su madre, entra en contacto con su verdadera tradición” (Daly, 1978). Así, estos textos definen al sujeto político feminista a partir de la maternidad, pero de una forma parcial. La posibilidad de que las madres, como tales y no en tanto hijas, planteen alternativas de emancipación desde su experiencia queda nuevamente reducida.

Contribuciones del feminismo negro

Las obras del último conjunto de autoras abordadas en este texto constituyen una ruptura profunda respecto de lo recapitulado en las secciones anteriores. Las pensadoras pertenecientes al feminismo negro han identificado un sesgo inicial en el estudio de las maternidades de los feminismos que le precedieron. Este sesgo consiste en que las autoras mencionadas en las secciones anteriores no explicitan las maternidades a las cuales hacen referencia cuando refieren al concepto de maternidad, ya sea como la base de la opresión de la mujer o como la vía de su emancipación. Más aun, las teóricas del feminismo negro afirman que los ataques propios  de los otros feminismos a la maternidad “alienaron masas de mujeres del movimiento, especialmente mujeres pobres y/o no blancas, que consideran a la maternidad como una de las pocas relaciones interpersonales donde se sienten afirmadas y apreciadas” (hooks, 1984).

El problema central tiene que ver con la diferencia de condiciones en las cuales las mujeres blancas y las mujeres negras ejercen la maternidad. De acuerdo con Dill, la definición de las familias negras está determinada por una relación dialéctica entre éstas y las sociedades blancas (Dill, 1979). Tal aseveración permite conceptualizar la existencia de una cultura negra diferenciable de las construcciones hechas por las sociedades blancas. Pues la opresión racial no sólo impidió que las familias negras tuvieran los recursos suficientes para mantenerse a sí mismas, sino que definió en sus propios términos dicha cultura. Uno de los principales medios fue la creación de imágenes arquetípicas de las mujeres negras con el fin de perpetuar su opresión. Al respecto, Collins identifica dos arquetipos principales (Hill, 1990): mammy, que es la devota sirviente doméstica de los hogares blancos; y la matriarca, que al llegar a casa educa con severidad a sus hijas e hijos. Estas autoras plantean la refundación de una identidad de las mujeres negras, basada en sus experiencias, como un acto de potencial emancipatorio. Específicamente, Collins señala la necesidad de las madres de procurar la supervivencia de sus hijas e hijos, y la socialización de los papeles maternos como prácticas de supervivencia y reivindicación frente a la opresión de que han sido objeto.

Conclusión

Una posible pregunta para plantear al leer este texto es: ¿Por qué insistir en pensar a las madres como sujetos políticos en sí mismos, si de cualquier forma pertenecen a la categoría de mujeres en tanto cuerpo capaz de gestación? ¿Por qué no sólo definir a las mujeres como sujeto político del feminismo? Independientemente de las conceptualizaciones de la maternidad y de su papel en el feminismo para la liberación de las mujeres, es innegable que la maternidad es una experiencia que modifica las vidas de cada madre. Si bien la maternidad como institución afecta a todas las mujeres en alguna medida, la experiencia de ésta sólo puede ser vivida por las madres –por los procesos biológicos, psicológicos y sociales a los cuales se ven sujetas. En este sentido, el ser madre es una forma de ser mujer que tiene una raíz material. Es posible que el aspecto definitorio de la experiencia de la maternidad esté dado por la misma estructura patriarcal, pero la especificidad de la misma puede sostener la definición de las madres como un sujeto político en sí mismo.